sábado, 21 de febrero de 2015

Capacitación en tiempos de crisis: educar para mejorar la empleabilidad

En su rol de actores de la educación, las instituciones involucradas en la capacitación o formación profesional tienen obligaciones que deben cumplir. Una de ellas es definir cuáles son las herramientas o las áreas a proponer para cumplir con esa responsabilidad a sumiendo que el proceso educativo, en cualquier estadio, debe garantizar la inserción profesional en un mercado laboral cada vez más cambiante. En este marco, el deber central de las instituciones proveedoras de educación es proveer herramientas para el cambio, la innovación y la empleabilidad. Teniendo en cuenta que el objeto de dicha responsabilidad como formadores son los estudiantes, ellos no deben ser los mismos luego pasar por esas instituciones; ya sea porque se conviertan en recursos humanos sumamente valiosos, o porque se "califiquen" y esto los habilite para desarrollar tareas laborales que permanentemente se ven sometidas a procesos de cambios bruscos, y desestabilizantes. En mi caso, el rol activo a nivel institucional comenzó con la apertura de AIE, como Centro Autorizado de Universidad de Londres en la Argentina, en plena crisis del 2001. Desde esta entidad se ofrecen programas que permiten estudiar en el país y obtener títulos y certificaciones de ésta y otras prestigiosas entidades extranjeras, por lo cual desde nuestro origen en adelante nos tocó enfrentar las varias crisis que a nivel mundial han venido estallando. Se asume erróneamente que estas crisis no pueden a impactarnos de un modo u otro. Dado el nuevo orden mundial y el moderno concepto de las fronteras y la soberanía de los estados del mundo en que estamos insertos, inexorablemente las crisis económicas en todo el mundo generan algún tipo de impacto en nuestra economía y por ende en el mercado laboral. Entendiendo por "crisis" una coyuntura de cambios en cualquier aspecto de una realidad organizada pero inestable, sujeta a evolución; especialmente, la crisis de una estructura", es que los educadores deben preguntarse constantemente sobre la utilidad de la capacitación, y no desde una concepción utilitaria. Es que dadas las estructuras paradigmáticas de la mayoría de los sistemas educativos, cada vez es más contundente el hecho de que lo mejor que podemos brindar al alumno es una oferta académica de capacitación de las siguientes características: - que surja de un relevo sobre la necesidad de determinadas profesiones o capacitaciones en el mundo laboral. - que le permita al estudiante adaptarse a los cambios críticos, que tienen siempre algún grado de incertidumbre en cuanto a su reversibilidad o grado de profundidad. Capacitar para la revolución La definición de crisis incluye lo siguiente: "Si los cambios son profundos, súbitos y violentos, y sobre todo traen consecuencias trascendentales, van más allá de una crisis y se pueden denominar revolución". Por lo tanto es deber de los docentes capacitar para la revolución, la revolución del conocimiento, ya que hoy el talento es el capital. Por ello, si el capital humano es el talento, los educadores que seamos responsables con nuestros estudiantes deseamos que ellos se comprometan e involucren en el proceso de aprendizaje, de modo que puedan insertarse o re insertarse en el mercado laboral. Simplemente, hay que dar a la gente una buena educación, de modo que todos puedan aprender sin límites. Deben construirse puentes entre la universidad y la empresa: nuestras titulaciones deben estar relacionadas con el ámbito laboral, ajustarse a una amplia variedad de estudiantes y ser creadas de acuerdo con las necesidades de las compañías así como para el avance hacia la universidad. Además, es fundamental enfocar la formación desde un punto de vista práctico del mundo real, así como un marco teórico clave. Los programas online, como los de la Universidad de Londres por ejemplo, permiten que todas las personas tengan acceso a una formación de reconocimiento internacional a la que hasta ahora sólo tenían acceso unos pocos. Estar preparado para la recuperación En este marco, el trabajo del capacitador no se agota con educar para sobrellevar el momento de la crisis. La preparación para el cambio y la adquisición de habilidades para cuando pase la tormenta son la clave. La experiencia demuestra que las crisis han generado mayor cantidad de alumnos, intentando dar pelea a un incierto horizonte plagado de peligros, pero también de oportunidades.

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